Salir del mundo, olvidarme de los problemas. Sociedad en la que todos están detrás de si mismo y no se preocupan por los demás. Porque cruzar una calle hoy en día es el peor peligro de todos, más que un robo, más que un secuestro. Aunque te roban todos los días las ilusiones, y te secuestran los pensamientos. Mirando a los demás me doy cuenta que soy diferente, y que hay gente que no tiene salidas para ser diferente. Encerrados en una oficina de cuatro por cuatro y con una computadora en frente 24 horas del día y al llegar a su casa, estar encerrados nuevamente en historias de oficinas porque el matrimonio se cuenta lo que les ha pasado en el día, cenar y dormir y volver a la rutina. Y los fines de semana deberían ser diferentes a la semana, sin embargo lo toman también como rutina, y con el mejor auto y la familia única y ejemplo de todas, se van a la casa de campo que tanto los hace felices porque se olvidan de los problemas, llenos de mucamas y choferes, tienen tres autos para dos personas y cinco computadoras, todas de última generación porque no pueden ser menos que los vecinos que tienen cuatro. Los miro y saco la conclusión de que vivimos en un mundo del futuro, porque todos son robots que hacen lo que se los ordena y no miran hacia atrás a ver si hay algo que pueden hacer para cambiar el lugar en el que viven. No hay percepción de su alrededor ni tampoco tienen sueños. Teniendo todo, se sienten como si no les faltara nada, pero les falta amor, les falta esa capacidad de soñar para salir adelante. Sí tienen toda la plata del mundo pero les falta lo principal que es la ilusión, la ilusión de un mundo mejor en el que todos seamos iguales porque paralelo a ese mundo de los que lo tienen todo están los que no tienen nada, los que cada día la pelean por tener un plato de comida frente a sus ojos, arriba de la mesa. Salir a buscar cartones durante todo el día para sólo conseguir dinero para una comida del día, mientras que los otros hacen dietas de 5 comidas al día para no engordar, los de menos recursos intentan buscar cinco comidas al día para poder engordar y darle a sus hijos una alimentación básica para que al menos puedan crecer. Aunque algo tienen, viven con ilusiones porque eso les alimenta el alma.
Es así como en esta sociedad, nos encontramos con gente que sale a robar para poder conseguir dinero para darle de comer a sus familias y otros que optan por robar para salir a consumir drogas y viceversa, ellos son los que intentan hacerlo para dejar de pensar en la sociedad en la que están, olvidarse de los problemas que todos los días acarrean y que forman una cadena desde que nacen hasta que mueren y esto me lleva a contarles la historia de un chico llamado Juan, el cual nació en un barrio en el que nadie podía vivir sin esforzarse, cada día era una lucha por conseguir lo necesario para poder sobrevivir, en el que se encuentran miles de historias, desde los que cartonean, los que pueden llegar a estudiar, los que roban y se drogan, los que intentan buscar trabajo cada día y sienten la discriminación de una sociedad en la que no aceptan gente diferente al modelo de ser humano perfecto, que pudo estudiar y obtener una carrera para poder tener un futuro digno y dedicarse a ello.
Y volvemos a Juan, un chico que al nacer, nació con sólo kilo y medio de peso y con la minoría de nutrientes que un bebé recién nacido necesita, permaneciendo así internado 8 meses junto a su madre que luego del parto había quedado muy débil. Un bebé, que con 1 año de vida tuvo que soportar la pérdida de una madre porque para el parto no había podido ir a un hospital que estuviese en buenas condiciones y la había atendido un médico que no estaba en condiciones de atender ni a un perro, por ser crudos con la verdad; quedando en manos de una hermana de 15 años que ya tenía un hijo de sólo meses y ocho hermanos más a su cargo, pues el padre era un alcohólico sin remedio desde que su esposa había muerto. A los cuatro años de edad empezó a recorrer las calles de la ciudad viendo una realidad realmente cruda de la que él no tenía beneficio alguno, buscando cartones que sólo le daban centavos al día y que no ayudaban para poder alimentar más de diez bocas en una casa; y así pasaron los años, hasta que este niño Juan cumplió sus 6 años de edad y empezó a ver que otros chicos, incluso de su mismo barrio, comenzaban la escuela, con sus guardapolvos blancos y sus mochilas llenas de útiles; mientras que él veía dedicar su vida a algo sin sentido, juntar cartones, sin entender que era por sobrevivir. Y con este pensamiento vivió durante varios años hasta que llegó a la edad de quince años en la que su visión de la realidad era mucho más compleja, ya no sabía que iba a hacer para poder sobrevivir, viendo a sus hermanos trabajar y algunos llorar día tras día por el hambre. Su futuro era incierto y necesitaba saber qué hacer. Y a esa edad, adolescente, viendo todo tipo de cambios; en el cuerpo, en su mente, en sus amistades y pensamientos. Es la edad en la que uno busca y empieza a construir la identidad, comprender qué es lo bueno y lo malo de la vida; aunque él haya tenido que madurar más rápidamente que cualquier otro chico, porque tenía que llevar a una familia adelante pues sus hermanos no ayudaban, sino que trabajaban para conseguir drogas, ellos le decían que eso le iba a servir más que estudiar y trabajar siempre, que los alimentaba, los mantenía despiertos y alejados de toda realidad que no les sirviera. Pero él tenía otra realidad de las cosas: mientras recorría las calles de la ciudad, sabía que en un localcito de la calle 40 había una señora que siempre le daba de comer, lo que le sobraba y sabía no iba a vender; y en ese tramo en el que Juan paraba a comer ella le explicaba un poquito de lo que ella había vivido hasta llegar allí, y él llegó a la conclusión de que la droga no lo iba a llevar por el buen camino sino por el peor y que cuando él pusiese estudiar, lo haría.
Un día su padre llegó borracho e hizo que su hermana le preparara lo poco que había para comer, fue un momento de agresividad para él y sus hermanos, inclusive su sobrino, y Juan no lo pudo soportar, salió corriendo de su casa mientras escuchaba llantos y gritos; no sabía a dónde ir ni qué hacer y se encontró con dos chicos justo en la esquina de su casa, les contó lo que le pasó y estos le convidaron lo que tenían, él no se dio cuenta lo que era porque nunca había experimentado con eso y probó, al probar le causó un efecto más que placentero para él y que lo llevó a cometer una locura que nunca creyó iba a cometer, salieron corriendo y se metieron al primer local que vieron abierto, le dijeron que como era su primera vez sólo iba a quedar de campana, que les avisara si “la yuta” venía y él les obedeció, era un momento más que de nervios para él, no entendía nada de lo que le estaba pasando cuando en un instante escuchó un disparo y un grito de una mujer, las sirenas de la policía eran cada vez más cercanas y mientras que los otros dos chicos salieron corriendo, Juan paralizado se quedó en el local y entró, vio que era esa mujer que cada mediodía le daba de comer y se largó en llanto, se disculpó cuantas veces pudo y no le daba el cuerpo para ayudarla, viéndola ahí en el piso, piso que todos los días pisaba para comer. Y ella no le reprochó nada, sólo le dijo: no me hiciste caso Juan, yo te aconsejé y vos no me escuchaste; para lo cual la señora no pudo soportar más y tendida en el suelo con sus ojos brillantes de color marrón, le tendió la mano por última vez a Juan, cuando de pronto llegó la policía y se lo llevó, gritando, llorando y dando patadas por quedarse con ella, sabiendo que si la situación hubiera sido al revés ella se hubiese quedado por siempre.
Hoy miro hacia adelante y ya no veo a ese chico sin salida a un mundo mejor, hoy me veo escribiendo para ustedes, dando a conocer mi historia, incentivando a chicos como Juan, como yo, porque sí yo soy Juan; a que se den cuenta cómo con la ilusión de un mundo mejor, por más mínimo que sea nuestro esfuerzo lo podemos lograr.
Aún escucho aquellas sabias palabras: “yo te aconsejé y vos no me escuchaste”, pero quisiera tenerte a mi lado para que sepas que sí te escuché y gracias a vos hoy soy lo que soy, estudié y ayudé a mi hermano que, cuando te llevaron al hospital, lo vi, ya no era el mismo, era otra persona que ni siquiera sabía que yo era su hermano, ya no era libre y no tenía futuro. Las drogas lo habían consumido a él.
My music by Kitty Gorchs
miércoles, abril 28
domingo, abril 18
TRISTE PERO REAL
No hay más que tres acontecimientos importantes en la vida: nacer, vivir y morir. No sentimos lo primero, sufrimos al morir y nos olvidamos de vivir.
Jean de la Bruyère
Jean de la Bruyère
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